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martes, 21 de febrero de 2012

Si yo fuera Presidente centralizaría la gestión de los sistemas de información


La medida es tan simple que creo podría ser la entrada más corta que he publicado hasta la fecha. Para ilustrar la entrada voy a tomar como ejemplo uno de los tres grandes niveles de actuación en los que se encuentran divididas nuestras Administraciones Públicas: las Comunidades Autónomas, pero el ejercicio podría hacerse de igual forma con el Gobierno Central o con los Ayuntamientos y las conclusiones a las que llegaríamos seguirían siendo exactamente las mismas.

En España tenemos 17 Comunidades Autónomas más las Ciudades Autónomas de Ceuta y Melilla. Estas 17 Comunidades tienen competencias, salvo raras excepciones, idénticas o muy parecidas en sus distintos ámbitos de actuación: sanidad, empleo, turismo, servicios sociales, educación, medio ambiente, infraestructuras, etc, etc.

Para más inri muchas de estas competencias antes las prestaba de forma centralizada el Gobierno Central y como consecuencia de un proceso de descentralización, se han ido transfiriendo a las Comunidades Autónomas.

Pues bien tenemos 17 entidades, que a priori son muy parecidas, por no decir prácticamente iguales, que en la mayoría de los casos tienen sistemas de información propios, gestionados con recursos propios y totalmente independientes unos de otros.

Un ejemplo, todas las Comunidades tienen que realizar una gestión de sus recursos desde el punto de vista económico-financiero, desde el punto de vista de sus recursos humanos o desde el punto de vista de la recaudación de sus tributos, salvo pequeñas diferencias, sus contabilidades, sus finanzas, su marco de gestión de recursos humanos o la recaudación de sus tributos se rigen por reglas similares, muy parecidas, que tienen un carácter general y que no justifican en ningún caso, tener y mantener 17 sistemas de gestión económico-financiera, 17 sistemas de gestión de recursos humanos o 17 sistemas de gestión tributaria. Pues esto es lo que está ocurriendo, y lo que es peor, muchas de estas Administraciones creen que debe ser así, que es correcto, que ellos son diferentes al resto y que por lo tanto tienen necesidades específicas y propias que les obligan a invertir en la puesta en marcha y mantenimiento anual de sus sistemas de información. Si estimamos el coste de implantación de un sistema de información de este tipo, tirando por lo bajo, en 4-5 millones de euros y a eso le añadimos un gasto anual de mantenimiento de 1 millón de euros más, resulta que  sólo en la puesta en marcha de estas tres herramientas cada 10-15 años las Comunidades Autónomas se dejan 255 millones de euros a los que tenemos que sumar 51 millones de euros más que se dejan en concepto de mantenimiento.

Otro ejemplo, en aquellas competencias en las que inicialmente las Comunidades Autónomas no eran competentes, como la justicia, el empleo, la sanidad y la educación, y en las que, cuando se realizó la transferencia, entre los recursos transferidos se encontraban los sistemas de información, a día de hoy la mayoría de las Comunidades han desarrollado e implantado sistemas propios, y en aquellos casos en los que no lo han hecho y todavía usan los sistemas del Ministerio tienen en mente hacerlo.

Último ejemplo, la cosa no queda aquí, es mucho más grave, porque no sólo ocurre que cada Comunidad tiene sus propios sistemas, la cosa es mucho peor, en muchos casos dentro de cada Comunidad, las distintas Consejerías, Conselleries o como se llamen, tienen sistemas de información propios y distintos al del resto de Consejerías, que hacen exactamente lo mismo: mantener su página web, gestionar sus expedientes administrativos o enviar notificaciones a los interesados, y lo que es peor, en muchos casos insisten en que es necesario, en que ellos son diferentes.

Pues bien, le pese a quien le pese y le disguste a quien le disguste, no tiene ningún sentido. En pleno siglo XXI, con el foco puesto en el ahorro en costes, y con tecnologías ya maduras que hacen posible tener los sistemas de información en la nube (cloud computing), o incluso acceder a los sistemas de información en modo servicio (Software as a Service), no podemos permitirnos el lujo de seguir avanzando por esta línea. Imaginemos por un momento qué ocurriría si juntásemos todos los recursos de todas las Comunidades Autónomas y los empleásemos en el desarrollo de un único sistema de información compartido por todas ellas para cada una de las áreas. Para empezar me atrevo a decir que el 80% del presupuesto nos lo podríamos ahorrar, pero además con el 20% restante tendríamos super sistemas de información, con funcionalidades avanzadas, incorporando las últimas tecnologías y en constante progreso y evolución.

Y entonces, ¿por qué no se hace? Porque hasta ahora vivíamos en plena abundancia, entre recursos que parecían infinitos y que nos permitían apostar por la diferenciación, pero eso se acabó, la realidad es otra, e incluso es posible que como resultado de la crisis pongamos en orden algunas cosas. No tenemos un duro, somos poco competitivos y necesitamos reducir como sea los gastos de nuestras Administraciones Públicas, en definitiva, tenemos que cambiar nuestra forma de pensar y de actuar, y yo digo que si fuese Presidente,  esto lo haría.

lunes, 20 de febrero de 2012

Si yo fuera Presidente: Introducción


Hoy hace exactamente tres meses que el actual Presidente D. Mariano Rajoy fue elegido en las urnas por amplia mayoría absoluta y con el respaldo y la ilusión de un montón de españoles. Nos aproximamos pues a los 100 días de gracia, que por costumbre y cortesía hay que dar a todo nuevo gobierno.

Durante estos 90 primeros días, ya se han empezado a introducir algunos cambios significativos: la nueva reforma laboral, la subida del IRPF o la ley de estabilidad presupuestaria, desde mi punto de vista algunos más acertados que otros, pero en cualquier caso, lo que está claro es que todavía queda mucho por hacer.

Y como queda mucho por hacer, y parece que el Sr. Rajoy es un señor bastante receptivo y abierto a escuchar todo tipo de opiniones, yo me he decidido a iniciar una serie de entradas en el blog que tienen como único objetivo aportar algunas ideas sobre medidas concretas que se podrían adoptar, y que desde mi punto de vista ayudarían a España a salir de la crisis.

En paralelo, con carácter semanal twitearé alguna de estas ideas con el hastag #Siyofuerapresidente para que aquellos que me seguís en twitter y no tenéis tiempo para leer el blog podáis quedaros con las medidas más relevantes.

Mientras tanto atentos, porque mañana mismo empieza la serie con la primera entrada: Si yo fuera presidente centralizaría la gestión de los sistemas de información.

Espero que os guste porque parafraseando una charla memorable con mi amigo JJ: "Yo siempre he pensado que sería un buen presidente del gobierno, ¿tú no?"-"Pues la verdad, no sé, nunca lo había pensado"

martes, 11 de octubre de 2011

¿Subimos impuestos o recortamos servicios?

En estos días en los que nuestros vecinos griegos parecen abocados al gran batacazo y en los que tanto Rubalcaba como Rajoy se empeñan en abrir un debate sobre el mejor camino a seguir para equilibrar las cuentas públicas a mi me apetece dar mi opinión al respecto.

¿Qué hacemos: subimos impuestos o recortamos servicios? Para empezar ni una cosa ni otra. Estando como estoy totalmente convencido de que la prioridad nº 1 de nuestro país para conseguir salir de la crisis debe ser equilibrar el déficit de nuestras Administraciones Públicas creo que hay muchas otras cosas que se pueden hacer antes de subir impuestos o recortar servicios. En realidad la pregunta que nos deberíamos hacer es: ¿incrementamos la recaudación o reducimos costes?

Llegado a este punto más de uno y más de dos estarán pensando: ¡Que cachondo!, se habrá quedado calvo el tío este, ¿Cómo narices se va a incrementar la recaudación sin subir los impuestos o a reducir los costes sin recortar los servicios? La respuesta es sencilla: se puede.

Empecemos con la recaudación, España, con una economía sumergida estimada en un 23% de su PIB, tiene el orgullo de encontrarse a la cabeza de los países que más defraudan en la UE, junto con Grecia e Italia (¡casi nada!). Los motivos, entre otros son:
  • Contamos con un empleado de la Agencia Tributaria por cada 1.680 contribuyentes, un indicador tres veces inferior al de la media de los países de la OCDE.
  • Los sistemas de información empleados por gran parte de las Administraciones Públicas de nuestro país para gestionar sus tributos se encuentran obsoletos, lo que se traduce en dificultades para realizar cruces de información, emplear modelos predictivos y en definitiva, ser más eficientes a la hora de recaudar.
  • Y por qué no, culturalmente no somos una sociedad muy dada a pagar impuestos... mientras nuestros vecinos de los países nórdicos tienen conciencia de sus obligaciones tributarias y ven mal a aquel que intenta evadirse en el pago de sus impuestos, en este nuestro país, quien más quien menos ha pedido que le hagan una factura sin IVA, tiene una chica de servicio en casa a la que no tiene dada de alta en la seguridad social y se ha comprado un piso sin escriturar por el 100% del valor real de la compra venta.   
Para que nos hagamos una idea de la magnitud del problema, teniendo en cuenta que la presión fiscal media en España se sitúa en un 30,4%, si consiguiésemos bajar hasta un 13% el fraude fiscal, situándonos en la media de  los países de la UE, conseguiríamos incrementar nuestra recaudación en más de 43.500 millones de euros.

Comparando esta cifra con los 2.000 millones que estima recaudar Rubalcaba aumentando un 10% los impuestos sobre el alcohol y el tabaco, los 1.400 millones que supuestamente generaría la recuperación del impuesto de patrimonio o los 1.000 millones de euros atribuidos a un impuesto especial sobre los bancos, creo que no hace falta ningún tipo de comentario adicional sobre dónde debería ponerse el foco de forma prioritaria.

Resumiendo, mi apuesta no es por subir los impuestos sino por aumentar la recaudación, incrementando la lucha y los esfuerzos contra el fraude, y si después de haber agotado esta vía necesitamos seguir aumentando los ingresos, discutimos sobre la conveniencia o no de subir los impuestos y sobre el efecto de una posible subida en la recaudación, sobre todo, en un contexto como el actual, donde la economía se encuentra totalmente estrangulada a todos los niveles: inversión y consumo.

Cerrado el capítulo de la recaudación, pasemos al siguiente capítulo: los costes. Este área es tan extenso y la capacidad de mejora es tan grande que más que un post podríamos escribir un libro con áreas donde la Administración podría mejorar sus procesos para reducir sus costes.

Una buena forma de entender lo que digo es darse una vuelta por cualquier organismo público y observar atentamente cómo trabajan sus empleados. Lo más probable es que nos encontremos con un montón de funcionarios enterrados entre montañas de papel, que en el mejor de los casos se encontrarán ordenadas y clasificadas en AZs y en el peor de los casos formarán parte del decorado de la mesa del funcionario/a que desarrolla allí su labor, veremos empleados que están muy ocupados y otros que se encuentran más bien ociosos y a buen seguro, ciudadanos con cara de susto, que miran a su alrededor sin tener del todo claro a dónde o qué tienen que hacer, y que nada más llegar es posible que se acerquen formulario en mano y te pregunten: "¿Sabe usted qué hay que poner en la casilla D8 donde piden el código del centro gestor?".

El diagnóstico es claro: tenemos unas Administraciones Públicas que funcionan con procesos muy complejos y burocratizados, que requieren un uso intensivo de capital humano y donde la automatización de tareas simplemente no existe. Por si esto fuera poco cuentan con plantillas poco flexibles, donde es fácil encontrar empleados poco motivados, sin incentivos para mejorar o esforzarse y que en la mayoría de los casos no cuentan con  las mejores herramientas para poder hacer bien su trabajo.

Resultado: un auténtico desastre en el que sería sumamente fácil conseguir ahorros muy importantes incluso mejorando los niveles de servicio actuales, ¿y entonces por qué no se hace? Pues no se hace porque siendo fácil identificar los cambios es difícil implementarlos y para ello sería necesario bombardear y volver a refundar las bases del modelo actual con el foco puesto en los siguientes objetivos:

  • Necesitamos eliminar el papel y para ello es necesario revisar y simplificar los procesos, eliminar todas las tareas que no aportan valor y suprimir duplicidades. No tiene ningún sentido que en pleno siglo XXI sigamos tramitando los expedientes con la ayuda de AZs, con escritos de remisión de expedientes acompañados de acuses de recibo, y con un montón de empleados públicos cuya única misión es mecanografiar los informes que manuscriben los técnicos, o lo que es peor, simplemente mover los montones de papel de una mesa a otra o como mucho, de un edificio a otro.
  • El modelo de contratación y despido de empleados públicos debería ser, si no igual, parecido al de las empresas privadas: necesito gente, la contrato, me sobra gente, la reciclo o la despido y además la retribución de los empleados públicos debería ir ligada al cumplimiento de unos objetivos. El que más trabaje y más se esfuerce debería cobrar más, y el que no lo haga debería cobrar menos o no cobrar.
  • Por último el funcionamiento de las Administraciones, y por lo tanto de sus organismos, no debería ir ligado a la ejecución de unos presupuestos, sino al cumplimiento de unos objetivos. Es muy triste pero la realidad es así, si  asignamos 2 millones de euros para la construcción de 2 hospitales a 2 gestores distintos y al final del año conseguimos los siguientes resultados: el gestor uno ha construido los dos hospitales con 1,5 millones y el gestor 2 ha construido 1 sólo hospital con  los 2 millones, lo que seguramente va a ocurrir para el presupuesto del año que viene es: que al gestor uno le van a reducir el presupuesto y por el contrario al gestor dos se lo van a ampliar.
Creo que la conclusión es clara, los servicios públicos son desde mi punto de vista, la razón de ser de una Administración Pública, todo lo demás en muchos casos podría ser prescindible, pero la educación, la sanidad o la seguridad ciudadana son servicios básicos que no deberíamos tocar, o por lo menos, no deberíamos hacerlo hasta que no hayamos exprimido a tope la vía de los ahorros en otras áreas.


jueves, 8 de septiembre de 2011

¿Y qué debe hacer el Gobierno?


En mi anterior post insistía en la idea, que todavía defiendo, de que sólo existe una forma para conseguir remontar el vuelo de una vez por todas y salir de la situación de crisis en la que actualmente estamos inmersos: dejar de lamentarnos y de pensar en qué tienen que hacer los demás, incluido el Estado, y empezar a pensar en qué puedo hacer yo.

Sin embargo, es cierto, que el Gobierno, con independencia de quien lo lidere, tiene en sus manos armas de enorme poder, que podrían ser de gran ayuda para, valga la redundancia, ayudarnos a hacer nuestros deberes. En mi opinión, el Gobierno debería emprender reformas estructurales de enorme calado y vitales para la supervivencia de nuestro modelo de país, entre otras:
  • Necesitamos adoptar medidas urgentes para empezar a mejorar la competitividad de nuestro modelo productivo. Como bien apunta mi admirado Jose Mª O`kean el principal problema que tiene España ahora mismo es que no es un país competitivo, ¿Y esto qué es? Esto es que tenemos problemas para hacer las cosas bien a la primera y con un esfuerzo y unos costes inferiores a los de nuestros vecinos. ¿Y por qué no somos competitivos? Por muchos y varios motivos, pero por encima de cualquier otro porque una parte importante de las personas que componen este país se dedican a desarrollar tareas que no aportan valor pero que sin embargo encarecen nuestros productos, otra parte importante que sí se dedica a desarrollar tareas que aportan valor las desarrollan de forma poco efectiva, y en consecuencia contribuyen a encarecer el producto y por último sólo una pequeña parte se dedica a desarrollar tareas que aportan valor de una forma óptima.
  • Necesitamos cambiar nuestro sistema y nuestro modelo educativo. La tecnología está cambiando la forma en la que nos relacionamos, nos comunicamos y nos expresamos, la forma en la que entendemos y hacemos los negocios, y en general la forma en la que vivimos. Las nuevas generaciones no sabrán como era el mundo antes de que existiesen los teléfonos móviles, internet o los tablet PCs. Y mientras todo esto ocurre nosotros seguimos educando a nuestros hijos de forma muy parecida a como lo hacíamos hace 35 años. Es fundamental que reformemos profundamente nuestro sistema educativo, que abramos nuestras mentes y pensemos en nuevas formas de aprender: más colaborativas, haciendo uso de los nuevos medios de los que disponemos y sobretodo pensando en qué van a necesitar nuestros hijos en un mundo profesional y laboral que será muy diferente al mundo que nosotros conocemos.
  • Necesitamos reformar nuestras Administraciones Públicas. Lo queramos ver o no, en este país sobran empleados públicos, sobran administraciones públicas, sobran políticos y sobran gobiernos. Desde el punto de vista puramente económico no nos podemos permitir un modelo como el actual. Además es fundamental introducir cambios de calado en los modelos de gestión de las Administraciones Públicas, cambios orientados a dotar a la Administración de una mayor flexibilidad, que permita dotarse de recursos cuando se necesiten y despedirlos cuando dejen de hacerlo, que permita mover fácilmente trabajadores de un área a otra y cambiar sus funciones y cometidos en función de las necesidades de la Administración, y que permita premiar al que rinde adecuadamente y por qué no, despedir al que no lo hace.
  • Necesitamos generar un entorno con las condiciones adecuadas para poder emprender. Y eso pasa por simplificar los trámites necesarios para la creación de nuevas empresas, por adoptar reformas estructurales que faciliten el acceso a nuevas fuentes de financiación, por limitar la responsabilidad del empresario, al menos durante los primeros años de vida de la empresa, por plantear ayudas y beneficios fiscales que faciliten la creación de nuevas empresas, por adoptar medidas que apoyen la inversión en I+D+i, en definitiva, por aumentar el número de ZARAs, REPSOLes, BBVAs, BSCHs, Telefónicas, Mercadonas o Corte Ingles, que día a día demuestran que en este país somos capaces de competir con los mejores a nivel mundial.
  • Necesitamos cambiar nuestro modelo actual de familia. Si soy sincero este punto no es de mi cosecha, en realidad es una creencia a pies juntillas de mi mujer. Sin embargo a base de oírlo una y otra vez, es uno de los temas en los que más he pensado últimamente, y la conclusión a la que he llegado es, que como siempre, ella tiene razón. Lamentablemente creo que cada vez más avanzamos hacia un nuevo modelo de sociedad que poco a poco va perdiendo valores como el respeto, la honestidad, la sinceridad, el esfuerzo o el sacrificio. Valores que no se aprenden en las escuelas y sí en las casas, con tu familia, con tus padres. Valores que requieren tiempo de convivencia, de conversación, de compartir experiencias, en definitiva de tiempo y ganas para dedicarle a nuestros hijos, tiempo de calidad, del bueno y pensando siempre que la responsabilidad última en la educación de un niño no es del colegio, es de la familia.
Para acabar tan sólo una reflexión: el Gobierno, aunque muchas veces no nos guste, somos todos. El próximo 20 de Noviembre nos enfrentamos a una de las elecciones más críticas de nuestra corta vida democrática: elegir al Presidente que debe guiarnos para salir de la crisis más grave por la que hemos pasado en los últimos 40 años, y aunque me duela en el alma decir esto, la realidad es que sólo tenemos dos opciones: Rubalcaba y Rajoy.

El primero ya ha tenido ocho años para intentar hacer algo y no lo ha hecho y el segundo ha tenido otros ocho años para decir lo que en su opinión había que hacer y demostrar cuáles son sus valores y tampoco lo ha hecho. El panorama no es muy alentador, sin embargo creo que en esta ocasión, más que nunca procede ser responsable, y aunque la cabeza me pide proceder como en las últimas elecciones, leerme todos los programas, y elegir aquel que se encuentre más próximo a mis ideas, el corazón me dice que en esta ocasión, al menos, necesitamos un cambio...


¿Qué puedo hacer yo para salir de la crisis?

El pasado mes de junio tuve la fortuna de poder asistir a la 3ª edición de la Red Innova en Madrid. Un evento donde se junta una rara mezcla de emprendedores, innovadores, bloggers, y en general, gente rara que se entusiasma cuando habla de Internet, entre otras muchas cosas, porque para ellos Internet es un nuevo mundo lleno de nuevas posibilidades.

Entre las muchas charlas y ponencias a las que tuve la oportunidad de asistir hubo dos que me marcaron especialmente. La primera fue la de Pau García-Milà, un chaval de tan sólo 23 años que a los 17 ya había montado eyeOS. Pau es un excelente comunicador con gran facilidad de palabra y cuya intervención se centró en lo difícil que es ser joven emprendedor en España. Dos de los mensajes que más me impactaron de su intervención son:
  • En ocasiones es necesario dar un paso hacia atrás para poder dar un salto firme hacia adelante, y esto lo decía en referencia al reciente anuncio de 8.500 despidos por parte de Telefónica para poder aumentar un 20% su presupuesto en I+D+i, ¿Cuántos miles de puestos de trabajo se generarán con ese 20%?
  • La solución a la crisis no es del Gobierno, no es de la oposición, no es de las grandes empresas, es de la gente. Y esto pasa por un cambio de mentalidad, no vale de nada quejarse, lo que hay que hacer es preguntarse: ¿Qué puedo hacer yo para salir de la crisis?
La segunda ponencia fue la de Martin Varsavsky, emprendedor fundador de empresas como Jazztel, ya.com o FON. Martín habló de cuatro ideas fundamentalmente:
  • ¿Cuál debe ser el rol de un primer Ministro para darle un futuro a la gente, o lo que es lo mismo, por qué un emprendedor se debe ir a vivir a Inglaterra?
  • ¿Cómo se puede hacer para triunfar en un ecosistema que es lo opuesto de Silicon Valley? Hay que luchar con más ganas, con más intensidad, con más fuerza.
  • Los afluentes del Ebro no son el futuro de este país. Necesitamos otro sistema educativo, con otra manera de aprender, y otra de forma de educar a los que deben crear nuestro futuro.
  • Hay mucho que aprender de países como EE.UU y de cómo ellos sí han sido capaces de generar un ecosistema que favorece la innovación y la creación de empresas como medidas para poder triunfar en el futuro.
Se puede decir más alto pero no más claro. Desgraciadamente creo que el contexto no es el más favorable, culturalmente no somos un país muy trabajador, somos gente no muy dada a asumir riesgos, tenemos un sistema educativo muy mejorable, y necesitamos hacer reformas estructurales y del mercado laboral de enorme calado para poder reflotar esta situación, pero si todos y cada uno de nosotros dejamos de forma inmediata de quejarnos por todo y nos centramos en intentar pensar de qué forma podemos contribuir, estoy 100% seguro de que conseguiremos convertirnos en el país líder que creo debemos y podemos ser.

Para ello hay algunas ideas de partida que debemos tener claras y en las que en muchos casos, necesitaremos la ayuda del gobierno:
  • El futuro no está en la construcción o al menos no en la construcción dentro de España, necesitamos realizar una apuesta firme por otros sectores en los que sí podamos diferenciarnos y que tengan potencial de crecimiento dentro de nuestras fronteras.
  • Internet es un nuevo mundo, un nuevo mercado lleno de inmensas posibilidades, con nuevos paradigmas y nuevas fronteras, que permite pensar en formas nuevas y diferentes de emprender negocios.
  • Necesitamos abrir nuestra mente, pensar de una forma diferente, concebir nuevas formas de hacer negocios e innovar. Y cuando hablamos de innovar en la mayoría de las ocasiones no hablamos de inventar nada nuevo sino de hacer las cosas de forma diferente con un prisma diferente y pensando de forma diferente. Con ese paradigma da igual que vendamos ropa como Zara, café como Starbucks o tecnología de última generación como eyeOS.
  • No podemos aspirar a trabajar 35 horas a la semana, aplicando la ley del mínimo esfuerzo, si mover el culo de casa y ganando una millonada a final de mes. Lamentablemente existen personas en países como China, Brasil o la India que tienen ganas de comerse el mundo,
Pero lo más importante es que tenemos que pasar a la acción, ponernos manos a la obra y dejarnos de lamentos. El futuro está ahí, y es nuestro, pero eso sí hay que ir a por él, no podemos esperar sentados a que llegue a nuestra puerta.

Es obvio que no todos podemos ser emprendedores, ni directivos, ni tan siquiera trabajadores, pero todos tenemos una misión que cumplir, por mucho esfuerzo y sacrificio que ésta suponga. Algunos intentaremos montar o crecer empresas que soporten el motor económico de este país, otros deberán mejorar su capacitación y su formación para contribuir a mejorar esa palabra que ahora está tan de moda en términos económicos: la competitividad y otros deberán centrarse en formarse y prepararse para estar preparados y asumir el relevo en el futuro.

Yo me pienso poner desde ya manos a la obra, ¿y tu?

domingo, 26 de junio de 2011

¿Crisis?¿eso qué es?

Es la palabra de moda, está en boca de TODOS, y estoy seguro que si preguntásemos por la calle, todo el mundo sería capaz de decir qué es para el la crisis de una forma perfectamente comprensible para los demás.

Los parados dirían que es el motivo por el cuál se han quedado sin trabajo, los empresarios dirían que es el motivo por el que los bancos han dejado de dejarles dinero y los funcionarios dirían que es el motivo por el cual les han bajado el sueldo un 5%.

Hasta aquí creo que nada nuevo, pero sigamos avanzado en la materia, ¿Por qué estamos en crisis? Esta pregunta ya no es tan obvia. Hay quien dice que la culpa es de los políticos, hay quien dice que la culpa es de los bancos, hay quien dice que la culpa no es de nadie y es consecuencia del contexto global en el que vivimos y hay quien como yo, cree que la culpa es de todos, y en ese todos me incluyo como uno más.

¿Y por qué creo eso? Muy fácil, cuando una empresa, una Administración o un particular piden un crédito a un banco lo pueden pedir para dos cosas: para realizar una inversión, esto es desarrollar un activo que nos ayude a generar un beneficio económico a medio/largo plazo o para financiar un gasto, esto es conseguir dinero por adelantado para gastarlo en algo que a día de hoy, con nuestros recursos, no nos lo podemos permitir.

Ejemplos de inversión son: una empresa que se compra una máquina nueva que le permite reducir notablemente el coste con el que produce sus productos, un trabajador que decide hacer un master para optar a mejores puestos de trabajo o un Ayuntamiento que decide implantar un nuevo sistema de información para mejorar su gestión económico-financiera, optimizar sus compras y mejorar la eficiencia de sus procesos recaudatorios.

Ejemplos de gastos son: una empresa que pide un préstamo para poder pagar las nóminas de sus trabajadores, una familia que pide un préstamo para poder irse de vacaciones o una Administración que pide un préstamo para poder realizar gastos por encima de lo que le permiten sus ingresos.

Nuestro problema es que durante los últimos diez años, empresas, particulares y Administraciones, nos hemos dedicado a vivir por encima de nuestras posibilidades, gastando más dinero del que realmente teníamos, mediante la petición continuada de préstamos que nos permitían acometer estos gastos.

Y lo que es todavía peor, lejos de utilizar este dinero para invertirlo y mejorar nuestros activos con el objetivo de ser más productivo a medio o largo plazo, hemos malgastado este dinero en chorradas que en la mayoría de los casos iban dirigidas a satisfacer nuestras necesidades a corto sin pensar en qué nos iba a dar de comer en los años futuros.

En términos que podamos entender todos, las empresas no se preocuparon de cualificar a sus empleados, de invertir en I+D o de mejorar sus procesos para ganar competitividad y sí de ganar rápidamente cuota de mercado centradas única y exclusivamente en su cuenta de resultados a corto plazo, los ciudadanos no se molestaron en mejorar su cualificación o en emprender mediante el desarrollo de nuevos negocios y sí de comprarse una tele, un coche o irse de vacaciones y las Administraciones no se preocuparon de optimizar sus procesos, mejorar sus servicios y optimizar los recursos disponibles y sí de aumentar desmesuradamente sus plantillas, su red de empresas públicas o sus presupuestos de comunicación con el objetivo único de reeditar sus triunfos electorales.

Resultado: ESTAMOS EN CRISIS, y lo que es peor vamos a estar en crisis durante mucho MUCHO tiempo y aunque en esto espero equivocarme, creo la cosa va a ir a peor, y si alguien tiene dudas que mire a Grecia...

Las Administraciones son culpables porque durante los años en los que hemos estado creciendo han estado malgastando recursos muy valiosos y lo que es peor comprometiendo gastos a futuro que ahora no se pueden permitir, las empresas son culpables porque no se preocuparon de mejorar su competitividad o de invertir en I+D para garantizar su futuro y subsistencia en un mercado global, los ciudadanos somos culpables, porque lejos de aprovechar la época de créditos fáciles para montar empresas, mejorar nuestra cualificación y, por qué no, simplemente ahorrar preferimos no ahorrar nada y dedicarnos a vivir la vida padre y comprarnos dos coches, tres teles y dos motos... y por último, los bancos son culpables, porque lejos de poner un poco de orden en este caos, fomentaron con sus políticas una cultura basada en el principio de que endeudarse era bueno, con el único propósito de engordar sus bolsillos.

Para concluir os dejo varios vídeos que apoyan mis ideas, nos deben servir para reflexionar y sobre todo para aprender de los errores pasados de cara a no volver a repetirlos en el futuro.

El primero es el ya archifamoso vídeo de Españistan, obra de Aleix Saló, que nos cuenta con un poco de humor, y con la que está cayendo creo que es mejor reir que llorar, cómo y por qué hemos llegado a la situación en la que nos encontramos.

El segundo es un vídeo de Jose Mª O`kean, catedrático de la Universidad de Sevilla, profesor asociado del Instituto de Empresa, y sin lugar a dudas una de las personas que más me han enseñado en el terreno económico, que nos cuenta porque los españoles somos capaces de hacer mejor los lápices que los alemanes.

Y el tercero y último vídeo pertenece a Jesús Encinar, emprendedor y creador de idealista.com, que nos muestra con imágenes las consecuencias del modelo de crecimiento basado en el ladrillo que ha gobernado en este país durante los últimos años.

Y hasta aquí el post, pero antes de irme dejo en el aire una pregunta que debería servirnos para reflexionar sobre el momento en el cuál vivimos: ¿qué puedo hacer yo para enderezar este entuerto?